No morimos realmente, solo cesa nuestra misión.


Nos preguntábamos con Alejandra Zarabanda esa misma tarde en que Alejo, esa misma noche decidió morir, ¿Que podemos hacer por Alejo?.
En lo personal y como pocas veces lo he sentido, experimente una punzada en lo profundo de mi espíritu, me ausente por unos segundos, visualizando a este hombre de baja estatura, sonrisa menuda, caminar rápido y manos suaves, subiendo una montaña en medio de flores y aplausos.
Mi primera respuesta fue ser sensatos, (aun conservábamos la esperanza de verle de pie nuevamente) seamos coherentes y decididos a tomar acción a favor de su memoria. Volví a detenerme, sentí que una mirada muy profunda, interrumpía mi meditación corta, era Alejo.
De inmediato entendí algo que esta alma había cumplido su misión.
Sentí que renacía la esperanza para toda la humanidad en manos del recuerdo de este viejo espantapájaros.
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Humildemente traduzco el resultado de esa conversación:
“El tiempo no es culpable, el tiempo solo cumple su misión, tampoco lo es la sabia muerte, ella nace con nosotros, uno debe vivir para algo en especial, no solo vivir, la vida debe llevar implícita una misión, aceptar a todos tal como son, valorar su visión de las cosas y compartir sus sentires, todo lo que creemos es igual a lo que creen los demás y allí esta lo maravilloso, en valorarlo, en hacerlo parte de todos”
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Lo que viene es solo una interpretación personal de esa corta charla:
Podemos decir que no le hicimos un homenaje cuando caminaba entre nosotros, que tampoco le hemos hecho uno a los que aun están caminando.
En honor a esa ausencia, podemos hacer del 12 de Diciembre el día Familiar de la alegría de Alejó.
También podemos ver a sus niñas, como él quería verlas, grandes, sonrientes y fuertes, debemos proveerles seguridad económica y emocional, debemos ser sus brazos y su equilibrio, permitirles que sean ellas las que tomen las decisiones, que sean ellas las que perpetúen la misión de Alejandro.
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Por Alejó podemos hacer una causa a favor de la justicia médica, no más médicos que se laven las manos, eso no significa odiar, Alejo jamás lo hubiera permitido; se trata de equilibrio.
Podemos decirle a Diana que no se equivocó al defender a Alejó, que ha sido valiente y que queremos aprender de ella, pero que debe seguir adelante, nunca empezar de nuevo; debe continuar lo que empezaron juntos.
Podemos aceptar esta partida humildemente. Podemos ver la vida cómo una oportunidad para construir afectos, para imprimir tolerancia en nuestros Corazones, para valorar al otro y sus locuras.
Por Alejó podemos perdonar el tiempo que le hubiésemos podido dar, pero que no quisimos, y ese tiempo entregárselo a otro, al que sea, no importa, igual, somos miembros de un mismo clan.
Podemos aprender a perder el tiempo en cosas sencillas, jugar Play Station, Xbox, PSP o lo que sea, lo que nos permita perder el tiempo sanamente tal como lo haría Alejo.... Mientras sigamos respirando, podemos abrazar a quien no hemos abrazado, sonreír lo que no hemos sonreído, acudir a la sombra de alguien, ser la sombra de alguien.
No podemos permitirnos malos tratos, criticas o sobrenombres a las personas que amamos, eso también podemos hacer a la memoria de Alejo.
Yo a nombre de Alejó, he construido un sentimiento nuevo en mi vida... No se los puedo explicar con palabras, pero lo puedo escribir largamente con una sola palabra: “confianza”.
Dicen los sabios que cuando un hombre muere en estas circunstancias, todo el mundo muere con él, toda la humanidad se vuelca en su alma para sentir su partida. Eso es muy cierto, porque solo valoramos lo que perdemos, solo extrañamos lo que ya no tenemos y solo lloramos lo que no podemos recuperar...
Alejo merece ahora un aplauso grande en el día de su partida. Nos dejó una enseñanza, que eso valga en nosotros. Que la partida de Alejo sea un motivo para empezar a amar sin mentiras, que ese sea su homenaje, que eso sea lo que podamos hacer por Alejo. Con inmenso respeto y mis más sinceras y humildes reverencias: Miguel Rico. Namaste.
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