Yo sé quien mato al Senador Manuel Cepeda Vargas

Originalmente publicado el lunes 12 de julio de 2010 por Carlos Lozanos Guillen (mis agradecimientos)
*He elaborado este artículo de apartes de un libro (no publicado) que escribí algunos años atrás, recogiendo mi experiencia como abogado del caso Manuel Cepeda Vargas, primera condena ejemplarizante por la responsabilidad del Ejercito Colombiano en el genocidio contra la Unión Patriótica.
Miguel Puerto
Abogado Defensor de Derechos Humanos
Aquel día 9 de agosto de 1994, como de costumbre el senador se despertó muy temprano, preparó su acostumbrado café oscuro, y se dispuso a leer el periódico, el titular principal de los periódicos señalaban, que el Congreso de la República discutiría el tema del Protocolo II Adicional a los Convenios de Ginebra, esto llenó de alegría al único Senador de la izquierda colombiana, ese tema que por muchos años estaba vedado por el Estado colombiano, por fin estaba en el orden del día del Congreso colombiano, por fin, pensó el Senador, daremos pasos definitivos para que este conflicto armado de más de 40 años, empiece por lo menos a humanizarse.

Tomó su desayuno de manera apresurada, bajó al parqueadero de su apartamento, vivía con su familia en su viejo apartamento de siempre, ubicado al sur de Bogotá, en la “Urbanización Banderas”, era el único Senador de la Republica que vivía al sur de la ciudad, los demás senadores ostentaban lujosas viviendas en sectores exclusivos, todas ubicados al norte de la ciudad.

Allí lo estaban esperando su conductor Eduardo Fierro Paloma y su escolta Alfonso Morales Aguirre, el Senador, subió rápido a su campero Montero Mitsubischi, se sentó en la parte de adelante del vehículo, al lado del conductor, y le pidió que salieran lo más pronto hacia el Congreso, su conductor que lo conocía muy bien, sabia de la responsabilidad del Senador, encendió el motor del carro y se metió por las ya congestionadas calles y avenidas de la ciudad capital.
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El trafico estaba pesado, avanzaban de manera muy lenta por la Avenida las Américas, la vía más directa para llegar al centro de la ciudad, era una mañana soleada, propia de los días de verano del mes de agosto. Su conductor encendió la radio, los periodistas comentaban los titulares de los periódicos, todos relacionaban como el tema del día, la discusión en el Congreso, del Protocolo II, Adicional a Los Convenios de Ginebra.
Transitaban muy lento por la Avenida Las Américas, a la altura del Barrio Mandalay, acababan de pasar por frente del CAI de la Policía Nacional, eran las nueve de la mañana, cuando se produce el atentado, varios disparos de pistola se escucharon, tres impactaron el vehículo del Senador y uno de ellos atravesó su cráneo causándole la muerte de manera inmediata, los otros dos perforaron el vidrio panorámico del rodante.

Iván Cepeda, el hijo del senador salía presuroso para la universidad, toma una buseta que hace la ruta al centro de la ciudad utilizando la vía las Américas, de pronto ve una aglomeración de gente y observa en medio de ellos un vehículo parecido al de su padre, pensando lo peor, se baja de la buseta y se abre paso entre la muchedumbre, reconoce al conductor y al escolta, quienes le cuentan todo lo ocurrido. Las amenazas que diariamente reciba su padre se habían hecho una realidad.

Durante los primeros dos o tres años de investigación penal, la Fiscalía solo barajaba algunas hipótesis sobre los presuntos responsables del asesinato del Senador, recetas investigativas comunes a todos las investigaciones de los asesinatos perpetrados a los más de 4000 muertos de UP, estrategias de investigación que solo garantizaban la absoluta impunidad de la investigación.

Elcias Muñoz Vargas, era un saldado del ejercito, perteneciente al Batallón Tenerife de Neiva, adscrito a la Novena Brigada. En el año 1985, terminó su servicio militar, pero continuó vinculado a la Brigada Novena en calidad de informante, ya que era un buen conocedor de la región, su trabajo como conductor de camiones, le permitía moverse con facilidad por la región y entregar información que arrojaban 'resultados positivos' para la inteligencia militar. Durante su periodo como soldado conoció a muchos miembros de la institución armada, pero en especial entabló muy buena relación de amistad con Hernando Medina Camacho, Justo Gil Zúñiga Labrador y con el mismo comandante de la Novena Brigada, General Rodolfo Herrera Luna.

El militar Hernando Medina Camacho, era el jefe de la Red de Inteligencia de la Novena Brigada, estructura a la que pertenecía Zúñiga Labrador y a la que estaba vinculado como informante Elcias Muñoz Vargas. Para esta época, los pobladores de la ciudad de Neiva y sus alrededores, fueron testigos de la gran cantidad de cadáveres muchos de ellos sin identificar que diariamente aparecían por las afueras de la ciudad. Era el resultado de acciones criminales adelantadas por la Red 09 de Inteligencia de la Novena Brigada, liderada por estos nefastos personajes.
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Contra los miembros de esta tenebrosa red de inteligencia, se cursaba un proceso penal, en la Justicia Penal Militar, entre otros hechos para esclarecer la muerte de doce personas, casos sucedidos en la ciudad de Neiva; de la misma manera y por los mismos hechos se juzgaba al civil Elcias Muñoz Vargas. Una colisión de competencia trabada dentro de la investigación de la justicia militar, rompe la unidad procesal, el proceso se divide en dos, y se envía a Elcias Muñoz Vargas en su condición de civil, para que sea procesado por la Fiscalía, en donde el informante obligado por las evidencias en su contra, acepto todos los cargos y se acogió a la figura de Sentencia Anticipada, razón por la cual un Juez Regional lo condenó a más de cincuenta años de prisión, como coautor de los homicidios investigados. Solo Elcias Muñoz Vargas, el civil colaborador de la Red de Inteligencia 09 de la Brigada Novena, resultó condenado por estos homicidios, los uniformados salieron absueltos por Justicia Penal Militar, que luego de investigarlos no los encontró responsable de los homicidios.
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Abandonado a su suerte, Elcias Muñoz Vargas purgaba su condena en la Penitenciaria de Neiva. En ese mismo centro de reclusión se encontraba detenido un medico, quien era investigado por un presunto homicidio culposo, derivado de su actividad profesional. Este médico ocupaba su tiempo libre atendiendo consultas a sus compañeros de prisión, y el condenado Elcias Muñoz Vargas, era uno de sus pacientes.
En un día de visita cualquiera, él medico detenido, recibe la visita de un amigo suyo colega de profesión, quienes deciden en un momento determinado hablar búlgaro, idioma que ambos hablaban muy bien, pues en su formación universitaria, vivieron en Bulgaria, en donde adquirieron sus calificaciones medicas.

Elcias Muñoz Vargas, había observado de manera atenta y curiosa aquella extraña conversación, y en la primera oportunidad que se le presentó, abordó al médico, para que le contara cual idioma era aquel con el que se comunicaba con su amigo. Este le comentó que se trataba de la lengua búlgara, idioma que había aprendido mientras adelantaba estudios universitarios, gracias a una beca que se había ganado, para estudiar en aquel país de régimen comunista.

La curiosidad de Elcias Muñoz Vargas, se despertó aun mas, al oír de boca del médico, que se había formado profesionalmente en un país comunista, y de inmediato le preguntó si él había conocido al Senador Manuel Cepeda Vargas, el médico le respondió, que efectivamente conocía y admiraba a su amigo el Senador Cepeda Vargas, a quien habían asesinado algunos meses atrás. En ese momento, Elcias Muñoz Vargas, le dice al Medico, "yo sé quien mato al Senador Manuel Cepeda Vargas", que conocía a los asesinos del Senador y que estaba dispuesto a declarar sobre esos hechos ante las autoridades. El informante del Ejercito había sido testigo de una conversación entre los Militares Hernando Medina Camacho y Justo Gil Zúñiga Labrados, mientras celebrara en un establecimiento de Neiva, lo bien y perfecto que les había salido el 'trabajito' contra el senador.
En las semanas previas al asesinato del Senador Cepeda, los militares Hernando Medina Camacho, Justo Gil Zúñiga Labrador y el Coronel Rodolfo Herrera Luna, adelantaban un curso de Instrucción Militar en la Escuela Superior de Guerra en la ciudad de Bogotá. La 'tesis de grado', con la que se debía graduar estos tres militares, consistía en hacer la inteligencia, y llevar a cabo el asesinato del Senador Cepeda, 'trabajo' que adelantaron y coordinaron con los grupos paramilitares y de manera directa con el comandante del paramilitarismo para la época Carlos Castaño Gil.

En octubre de 1994, el Sargento Justo Gil Zúñiga Labrador y su familia viajaron a la ciudad del Socorro, Departamento de Santander, en plan familiar. En su casa del Socorro, el Sargento guardaba sus armas de fuego, entre otras, su pistola 9 mm No. 329362. El 14 de octubre de aquel año, el Sargento Zúñiga Labrador salió de su casa, se detuvo uno instantes a conversar con las vecinas, cuando en ese momento salió su pequeña hija y le dijo “papi no se vaya a ir sin el arma”, el Sargento siguió conversando con las vecinas, cuando se escuchó una detonación, inmediatamente se dirigió a su habitación y encontró a la niña muerta en el piso, se la había disparado la pistola, al intentar coger el arma, para llevársela a su padre.
Teniendo como un hecho la tragedia familiar del Sargento Zúñiga Labrador, se adelantaron varias pruebas técnicos y balísticos, haciendo respectivas comparaciones entre el proyectil disparado por el arma del sargento, que causó la muerte de la niña, y los proyectiles encontrados en el escenario del crimen donde perdió la vida el Senador Manuel Cepeda Vargas. Los resultados dieron como resultado que estos proyectiles "fueron percutidas por la aguja de la misma arma”.

La importancia y el fundamento de esta prueba técnica de balística fue dado por el hecho que toda arma adquiere desde el momento de su fabricación características microscópicas que le son propias y las independizan de las demás, las que se encuentran especialmente en el interior del cañón (estrías y macizos), huellas que quedan impresas en el proyectil al pasar este forzado por la acción de la deflagración de la pólvora. Igualmente produce características muy definidas la aguja percutora al herir el fulminante ocasionando el fondo de percusión, sobre el culote de la vainilla.
Una vez conocida esta 'prueba reina', se derrumbo toda la estrategia de defensa de los militares, quienes entraron en contradicciones y desinformaciones, hechos que llevaron a la juez sentenciadora a proferir sentencia condenatoria contra los suboficiales del Ejército Colombiano, Hernando Medina Camacho y Justo Gil Zúñiga Labrador, a la pena principal de 43 años de prisión, para cada uno, en su calidad de coautores responsables del delito de Homicidio Agravado del Senador de la Republica, Doctor Manuel Cepeda Vargas.

En esta misma sentencia, lamentablemente la funcionaria judicial, contra cualquier pronóstico, sorprendentemente absuelve de toda responsabilidad penal al jefe paramilitar Carlos Castaño Gil. Seis meses después de este fallo, el mismo Castaño Gil, publica su libro "Mi Confesión", en donde dedica un capito especial para contar como mato al Senador Cepeda, coincidiendo plenamente con las pruebas y los hechos investigados por la Fiscalía y los juzgados. Quizás el temor y afán de proteger su vida, llevaron a la Juez a no incluir el nombre del jefe paramilitar en la sentencia condenatoria.
Pero lo realmente sospechoso de toda esta investigación, fue el silencio que siempre guardó la Fiscalía, sobre la participación del General del Ejercito, Rodolfo Herrera Luna, nunca quiso este ente investigador responder las peticiones de la Parte Civil, en las que le pedía vinculara al General, por ser tan responsable como lo eran los suboficiales. Lo dicho por Elcias Muñoz Vargas, del que repetimos una vez más, fue todo absolutamente probado, implicaba también de manera directa al General, la jurisprudencia y la doctrina penal, ha sido clara y prolifera en decir que la prueba es una sola y cobija por igual a todos los participantes y en el caso aquí estudiado, estábamos frente a un claro fenómeno de coparticipación criminal, puesto que de las piezas que conformaban el haz probatorio se insiste, se desprende que los militares investigados, conformaban una “sociedad criminal” y acordaron la comisión del asesinato.

La historia del General Herrera Luna termina de una manera insólita, un día cualquiera, los medios de comunicación radiales, sueltan una fugaz noticia, sobre la repentina muerte del General. Esta supuesta o real muerte del General no transcendió otros medios importantes como la televisión, nunca se allegó certificado de defunción a la Fiscalía, ni al Juzgado de conocimiento, informando de este hecho. La supuesta muerte repentina del General Rodolfo Herrera Luna, solo mereció una escueta noticia radial, medio informativo por la que se enteró el abogado de la Parte Civil, una mañana, mientras conducía de su casa de habitación hacia su lugar de trabajo.
Cuando muere un alto mando militar, mas aun si se trata de un Brigadier General, los medios televisivos, escritos y hablados, despliegan esta noticia en primer plano, en el caso del general Rodolfo Herrera Luna, esto no sucedió y misteriosamente desapareció del contexto, no solo del proceso penal, sino de la vida nacional. Aun hoy nos preguntamos si realmente este alto militar está muerto, solo nos ha quedado nuestra firme convicción de su responsabilidad en el Magnicidio del senador Manuel Cepeda Vargas.

En alguna entrevista para un noticiero de televisión colombiano, al preguntarme sobre el fallo condenatoria de los militares responsables del magnicidio del Senador Cepeda, yo contestaba que si bien era cierto, se trataba de una condena ejemplarizante, también era verdad que la mitad de la justicia se había quedado por fuera. No solo se absolvía al jefe paramilitar coparticipe de este hacho, sino que otros miembros de la fuerza pública, como era el caso del General Herrera Luna, así como otros funcionarios de inteligencia militar y policial, con niveles de responsabilidad no fueron vinculados.
Esa fue una de las razones de fondo para presentar este caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, más de la mitad de los responsables del magnicidio del Senador Cepeda nunca fueron castigados. El caso internacional paso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que recientemente profirió un fallo condenatoria contra el Estado Colombiano, como máximo responsable del asesinato del Senador. Lo mínimo que debe hacer el Estado colombiano en cabeza de su máxima autoridad, el presidente de la Republica es pedir perdón por estos hechos, tal y como se lo ordena la Corte Interamericana de Derechos Humanos en su sentencia.

Miguel Puerto
Abogado Colombiano
Fuente: http://carloslozanoguillen.blogspot.com.co/2010/07/yo-se-quien-mato-al-senador-manuel.html